01/08/2017

Panamá: Educación, Exclusión y Pobreza de los Pueblos Originarios

Por: Bencemar Montezuma Moreno/ Miembro de Jóvenes Unidos por la Educación

El acceso a la educación de los grupos originarios, aunque no sean propiamente minorías en sus países, constituye un reto que comparten los países de América Latina, asegura Cecilia Barbieri, directora de la Oficina Regional de Educación de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, La Ciencia y La Cultura (UNESCO) para América Latina y el Caribe. Panamá no escapa a esta lamentable realidad. La Comarca Ngäbe-Buglé resulta la más desfavorecida en los últimos estudios que analizan la pobreza, en los que el ejercicio efectivo al derecho a  la educación tiene un peso importante.

El índice de pobreza multidimensional (IPM) presentado recientemente, considera determinante, para identificar a los pobres, el nivel de acceso a dimensiones del bienestar como ingreso, salud,  educación y trabajo. En la Comarca Ngäble-Buglé, el 93.4% (191,634) de sus habitantes son pobres multidimensionales.

El análisis de los resultados del Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (TERCE) del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de la UNESCO  correlaciona  el índice socioeconómico y cultural con mejores resultados en las pruebas. Panamá tiene resultados por debajo de la media regional en lectura y matemática (3º y 6to grados) y ciencias naturales (6xto grado). Los pueblos originarios llevan la peor parte, con una diferencia desfavorable de 80 puntos con relación a los ya deficientes resultados de la generalidad de los niños panameños. A pesar de que se han llevado a cabo diferentes programas y proyectos en las comarcas, no han logrado mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

En estas circunstancias, la educación es clave y debe ser de calidad, accesible e incluyente, tomando en cuenta la lengua originaria, como lo es en Ecuador, Perú y Chile. Cuando las diferencias en la lengua originaria son atendidas, los estudiantes tienen mayores oportunidades para superar barreras y mejorar su desempeño. En Panamá existe una ley que considera la educación intercultural bilingüe, que no ha tenido el impacto esperado. Es obvio que, como requisito indispensable, hay que asegurar infraestructuras y acceso vial en condiciones óptimas para poder acceder a las escuelas.

Mi experiencia como Ngäbe chiricano, me permite afirmar  que en las áreas comarcales urge una educación de calidad y un servicio de salud apropiado. Todavía hay áreas donde muchos estudiantes caminan largos trayectos para llegar a la única escuela que ha existido en los alrededores en los últimos 20 años. No basta construir o ampliar salones sin considerar las tendencias demográficas. Estos parches generan inequidad y condenan a la pobreza.

Resalto que el rol de los padres es esencial. Reconozco que mis padres me animaron a continuar mis estudios, repitiéndome que “La Educación es la única herencia que podemos dejarte”. Fui perseverante, logré obtener una beca académica en sexto grado, graduarme de bachiller en el Colegio Francisco Morazán y ganar una beca para estudiar en la Universidad Central de Chile. Aspiro a que se creen e implementen programas que ofrezcan oportunidades a niños, niñas y jóvenes que cada día se esfuerzan por lograr sus metas, sin que medien fines politiqueros, evidentes en cada proceso electoral, para  lograr cambiar indicadores que no representan el sentir ni los ideales de quienes, como yo, nacimos y nos criamos en las comarcas.

Como miembro de Jóvenes Unidos por la Educación, aspiro a que más jóvenes Ngäbes se involucren y se conviertan en agentes de cambio. Quizás se requieran años para transformar la historia de décadas. Emprender el camino del cambio para dejar huellas es fundamental para el futuro de la comarca y del país.