05/07/2017

Manuel Álvarez Trongé: "Los docentes pasarán a ser facilitadores y ya no dueños del saber"

“Una de las metas críticas es la reforma del secundario porque allí tenemos 50% de abandono” afirma Manuel Alvarez Trongé, Presidente de Educar 2050


*Entrevista a Manuel Alvarez Trongé Presidente de Educar 2050 Por Juan Strasnoy Peyre para diario EL ECONOMISTA.


Manuel Alvarez Trongé es categórico: “El derecho a aprender no lo estamos cumpliendo”. Por eso, sostiene que para resolver la crisis del sistema educativo “hay que barajar y dar de nuevo”. En dialogo con El Economista, el Presidente de Educar 2050 dijo que “la gran prioridad en Argentina es la equidad”, enumeró las principales metas a trazarse y contó cómo serán las escuelas del futuro que imagina. Criticó el Plan Maestro del Gobierno y llamó a construir “un consenso de todos los actores del mundo de la educación”.


¿Dónde estamos parados en términos educativos en Argentina?

La primera aproximación al diagnóstico es por el lado de la calidad educativa y luego por el de la inequidad. Las pruebas internacionales, regionales y nacionales nos marcan una alerta muy alta: aproximadamente el 66% de los chicos que están en el último año del secundario no pueden resolver un ejercicio simple de matemáticas y el 50% tiene problemas para la comprensión lectora y la realización de ejercicios de ciencias. Esos datos muestran que el derecho a aprender no lo estamos cumpliendo y que la calidad educativa es baja. Respecto de la inequidad, tenemos una enorme diferencia cada vez más marcada entre las escuelas para la clase media-alta y las que reúnen a las clases más vulnerables, cosa que muestran los exámenes que mencioné. Pero justamente el objetivo debería ser que los más vulnerables tengan los mejores maestros, los mejores recursos, las mejores bibliotecas y acceso a todas las herramientas que hacen a la educación. La gran prioridad en Argentina es la equidad. Hay muchos países vecinos que han trabajado sobre un plan especial para las escuelas más vulnerables, y nosotros tenemos que hacerlo ya.

 

¿Esta crisis del sistema educativo se resuelve con reformas o hay que barajar y dar de nuevo?

Yo creo que hay que barajar y dar de nuevo, sin perjuicio de que hay algunas cosas que se puede modificar con reformas de gestión.

 

¿Y cuáles deberían ser los primeros pasos para ese cambio de fondo?

En primer lugar, la educación necesita consenso de la sociedad, que se vea el problema educativo como se ve la inflación o la inseguridad. Es necesario que convierta en un reclamo social para que sea un tema político. Entonces, tenemos que tener un plan estratégico. El Gobierno presentó una primera idea, el Plan Maestro, casi juntamente con los resultados de las pruebas Aprender, que son importantes porque es necesario tener un diagnóstico. Pero el Plan fue elaborado de forma contemporánea con estos resultados y en medio del conflicto docente; se hizo una convocatoria para que la gente participe pero no se hizo mucha propaganda. Es importante que esto tenga mucha más visibilidad, que se extiendan los plazos y que, si se pretende poner un plan de mejora educativa, tenga primero un consenso de todos los actores del mundo de la educación, cosa que este plan no tiene.

 

Y respecto de las metas que se traza el Plan, ¿cómo las evalúa?

Son demasiadas: son 108 metas distribuidas en ocho capítulos. Y, además, no se pone el foco en cómo cumplirlas. Hay que reducir esa cantidad y llegar a un pacto sin colores políticos, porque esto trasciende los gobiernos. Hay que hacer una convocatoria muy amplia pero con mayor tiempo; no podemos estar a las corridas en esta materia. Y en ese plan tenemos que tener la respuesta a quién lo lleva adelante, cómo va a ser la financiación, quiénes son los responsables y quién hace el monitoreo para ir dando los resultados a la sociedad año a año. Eso no está en el Plan Maestro y lo tenemos que reclamar.


¿Cuáles cree que serían objetivos razonables?

Una de las metas críticas es la reforma del secundario. Esto es muy importante porque allí tenemos 50% de abandono. Esto tiene mucho que ver con las competencias y las habilidades básicas para el siglo XXI: los chicos se aburren, no le ven el sentido. La nueva escuela secundaria va a tener que ser más reducida, focalizada; con mucho trabajo por proyectos, no sólo por materias; mucha tecnología, ya que Internet es la herramienta más importante que tiene hoy la educación, que hace que los chicos se interesen más gracias a que permite más participación. Esto implica un cambio de rol de los docentes, que pasarán a ser facilitadores y ya no dueños del saber. La otra meta es la formación docente. Hay que hacer una revolución en este aspecto. Las competencias primarias (de comprensión lectora, matemáticas y ciencias) tienen que ser los objetivos básicos, para después agregar las competencias del Siglo XXI, que son el pensamiento crítico, el trabajo en equipo, el razonamiento. Son habilidades más blandas pero muy importantes para mejorar el acceso al saber. Antes el acceso era el maestro o los libros. Hoy está en un celular o a un clic de distancia.


¿Esta serie de puntos que usted desarrolla conducirían a una educación menos homogénea u homogeneizante en el futuro, comoplantean muchos especialistas?


Sí, internacionalmente hay una tendencia a darle mayor autonomía a las escuelas, mayor autonomía a los directores, inclusive en el planeamiento de la currícula en las distintas escuelas. Claro que habrá núcleos de aprendizaje similares para tener un sistema que esté certificado por el Ministerio. Entonces, los directores y los docentes tienen que dar esa autonomía porque su rol cambió: el verdadero rol del maestro hoy es estar muy cerca del alumno, estar facilitando el conocimiento, pero ya no como el maestro que se subía a la tarima y tenía una posición diferente con el alumno. Esa es la verdadera revolución que se está dando hoy en la educación, pese a que muchos docentes tienen aún cierta resistencia porque ellos fueron formados para una educación del siglo pasado.

 

¿Estos cambios podrían llevarse a cabo sin aumentos presupuestarios significativos? Teniendo en cuenta el estado de la infraestructura escolar  y/o los bajos salarios docentes…


Este es un tema que hay que analizar no sólo en términos de incremento, sino también en la forma en que se invierte en educación. La Ley de Educación Nacional habla de el 6% del PIB y en los últimos años fue incrementándose el porcentaje. Pero Brasil, por ejemplo, tiene el 10% del presupuesto para educación y tiene un plan de educación a diez años. En esta enorme discusión estratégica sobre la base de consensos que tenemos que construir, probablemente tengamos que hablar de un incremento presupuestario pero también de muchísimo más control.